
Esta generación, también conocida
como la "Generación Y", por suceder a la "Generación X", en los últimos años está
dando de qué hablar en las redes sociales, en medios de comunicación y hasta en
estudios científicos. Se ha convertido en uno de los tópicos principales de las
discusiones intelectuales, sociales y académicas más importantes del mundo. Su
interés viene en función a que los denominados “millennials” son aquellas personas
nacidas entre 1980 y 2000 que en la
actualidad tienen edades que oscilan entre los 18 y 37 años, siendo este es su
mayor atractivo. ¿Pero por qué? La respuesta es sencilla. Estos jóvenes llaman
la atención de todos los sectores, debido a que son el impulso y la base de la
economía mundial, al cumplir la mayoría de edad, son los que más comienzan a
demandar los servicios tradicionales (banca, tecnología, política, salud,
educación, consumos, etc.) pero también a revolucionarlos. De igual forma son
ellos los responsables de determinar los patrones de consumos y hábitos más comunes
en la política, en los mercados, cultura, arte y hasta en las religiones, llegando a cambiar muchas
veces las costumbres y creencias más sólidas del mundo.
Es por esta razón, que trasciende
la importancia de analizar los comportamientos que caracterizan a cada
generación social, pues de sus acciones dependerá mucho el rumbo que decida
tomar la generación que le prosigue, la que carga en sus hombros todavía no muy
bien formados el cambio radical que cada sociedad necesita. Sin embargo,
mientras esto sucede, esta responsabilidad es de los “millennials”.

Los millennials, sin duda alguna,
son una generación distinta pero no radical, como sí lo han sido muchas
anteriores. Han tomado experiencias de las generaciones antecesoras para
definir su estilo y su filosofía de vida, avanzado en pensamientos
progresistas, pero retrocediendo muchas veces en valores tradicionales. Este grupo social, híbrido si se
quiere, por ser parte de un proceso de transición y combinar aspectos esenciales
de la generación pasada y futura, es además controversial. La ambivalencia con
la que puede juzgar muchos aspectos de la vida del ser humano, la variación de
sus pensamientos, las incongruencias de sus actos con sus creencias, y el
individualismo que profesa, todo esto ante las circunstancias sociales
mundiales, hacen de esta generación, una
de las más determinantes para el porvenir de las sociedades.
Pero también una de las más
escépticas. El descontento político, y el resentimiento hacia las religiones
tradicionales de todos los tiempos, están poniendo a los sistemas políticos y a
las Iglesias en la cuerda floja. La Iglesia Católica, por su lado, se ha
pronunciado en varias ocasiones, evocando la importancia de la juventud en sus
comunidades, llegando a reconocer inclusive que estaría en crisis si los mismos
no deciden integrarse de manera activa a sus templos.
Nada distinto están haciendo los
partidos políticos, quienes a raíz del desgaste de sus líderes tradicionales, y
el fracaso frecuente en elecciones, han empezado a notar la ausencia de jóvenes
en sus filas. Esto ha provocado que los políticos retracten sus ideologías y se
vuelquen a la seducción juvenil.
Y esto se debe en gran medida, a
que la generación de los millennials se caracteriza por altos niveles de
educación superior en comparación a las pasadas generaciones, así como un
sentido crítico desarrollado y enfocado hacia la individualidad. Les preocupa
muchas veces más su bienestar que el de la colectividad. Denotando en este tipo
de comportamiento, una influencia tímida del epicureísmo y el hedonismo en sus
hábitos, alejando de sus costumbres las creencias religiosas tradicionales. La
filosofía del placer por placer, de vivir el momento, de la búsqueda del
conocimiento superior y la paz interior como fuente prima de la ataraxia, han
cobrado auge en esta generación. De los millennials podría decirse, que son los
eternos pesquisidores de un estado emocional similar al que describe la ataraxia,
pero sin dejar aún lado los deseos exteriores. Una paradoja propia de esta
generación.
Esta predilección de los
millennials por el placer y a la
ausencia de temores ha influido en todos los aspectos de sus vidas. Por
ejemplo, en el ámbito laboral, los jóvenes de esta generación no buscan un empleo
formal como sustento de su vida, aunque anhelen obtener un empleo, sus deseos
personales se encaminan a poseer uno que vaya más acorde con sus intereses y
gustos personales, que en la mayoría de veces distan de la profesión que han
decidido estudiar. De igual modo, son inquisidores del éxito, sueñan con él día
y noche, siendo parcialmente enemigos al sacrificio que este conlleva. Es una
generación desilusionada del sistema sociopolítico que les rige, pero esperanzada
en un futuro mejor. A todo esto, son una generación con una empatía genuina con
el medio ambiente y con un civismo
aceptable.
Por otra parte, La generación “Y”
también se distingue por sufrir las consecuencias de la crisis económica del
2008-2009, y todos sus remanentes que han proliferado hasta el 2014 o la actualidad,
lo que pudiera dar entendimiento al descontento y la desilusión que promueven,
pues nunca una generación fue tan marcada por el desempleo y la baja remuneración
como la de los millennials. En el 2009, cuando el número de jóvenes
desempleados del mundo rompió récord llegando casi a los 81 millones, la Organización
Internacional del Trabajo (OIT) alertó sobre el tema en su informe “Tendencias
mundiales del empleo juvenil del 2010”, en él señaló que esta podría ser una
“generación perdida” en vista a que "la incapacidad para encontrar empleo
crea una sensación de inutilidad e inactividad entre los jóvenes que puede
llevar a un aumento de la criminalidad, los problemas de salud mental, la
violencia, los conflictos y el consumo de drogas". Nada muy alejado de las
portadas de los periódicos que se nos estrellan en la cara a diario.
De igual modo, podría decirse que
la generación de los millennials es caracterizada por el retraso, en la connotación
más sutil que este término puede recibir. Esto se explica en función a que si
bien es cierto que se han aventajado en la etapa de educación inicial,
secundaria y superior, han retrasado todos los procesos posteriores que se
desprenden de ella. En la actualidad tenemos jóvenes que a los 23 años presumen
de profesiones y posgrados, pero que todavía a los 30 buscan un empleo acorde a
sus necesidades y competencias. Consecuentemente, todavía a esa edad han
decidido esperar para la formación de sus familias. Cada vez se hace más común
ver jóvenes quedarse por más tiempo en los hogares paternos y tardarse más en
independizarse; independencia que muchas veces no conlleva la institución de un
hogar tradicional.

Sin embargo pocas de las
actitudes y comportamientos que exhiben los millennials son fortuitos. La
disminución de matrimonios y la mínima o nula procreación en el seno de una
familia es el resultado del sufrir una de las tasas más altas de divorcios, de disolución
de hogares, de la proliferación de madres solteras, y de más mujeres insertadas
en el ámbito laboral, que les da a entender a estos jóvenes, que seguir los
patrones de comportamiento de sus padres no es la mejor opción.
Sin duda alguna, la Generación de
los Millennials es una de las más interesantes y apasionantes. Nacidos en pleno
desarrollo de la revolución digital, los medios de comunicación también suelen
bautizarlos como “nativos digitales”. Gracias al manejo de las herramientas que
ofrecen las tecnologías de la información y comunicación, tienen un sentido de
ubicuidad inigualable, además de crear un estilo de vida donde es inconcebible
la ausencia de móviles, de internet y redes sociales en el diario vivir.
Como es de esperar, cada
generación revoluciona el mundo de una manera muy particular, y es claro, que
los “millennials” harán lo propio. Ahora se predice la automatización y
simplificación de procesos cotidianos y laborales, la cura de muchas
enfermedades, pero también la aparición de otras nuevas. Nuevos modos de
sociabilizar, de reproducirse, de transportase y de vivir se aproximan y este
grupo generacional será el responsable de iniciar todos estos procesos.
Los millennials tienen un reto
decisivo para la continuidad de un mundo que se destruye a cada segundo.
Ninguna generación estuvo tan de cerca a la desaparición de ríos, a la erosión
de los suelos, y la capa de ozono, muchas ni se lo pudieron imaginar. Nunca
fueron tan estridentes y desconcertantes los eventos catastróficos como los que
suceden en esta generación. Se impone ahora para los millennials, rehuir del
ensimismo que los envuelve para poder reconocer proactivamente las fallas de un
sistema mundial que se desgasta, y fallece. Se necesita emprender una forma de
educación distinta para advertirle a la Generación Z los peligros que se
avecinan y con los que tendrán que lidiar, pues son ellos los que realmente
podrán poner un punto y final a una serie de acontecimientos erráticos que
debilitan la esperanza en un futuro mejor. Pero mientras este grupo
generacional que le prosigue al actual, crece
y toma conciencia de su entorno, el turno ahora es de los Millennials.
Jean Carlos Mercedes Zorrilla.